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lunes, 24 de enero de 2011

Destino: Chiloé



La isla grande de Chiloé es bien conocida por ser el objetivo de cientos de mochileros cada verano, por sus hermosos paisajes, gente acogedora e increíblemente barato transporte y alojamiento. Bueno, además (o en vez) de ir a Cucao a carretear con el resto de los santiaguinos, se puede aprovechar uno de sus principales atractivos: la comida.
Al igual que el alojamiento (se pueden encontrar casas donde arriendan el patio, cocina y baño desde $1.500 por persona) la comida es muy barata, y hay muchos lugares donde consumir comidas típicas de la zona, que no se encuentran fuera de la isla. La tradición gastronómica es muy rica, y por supuesto (considerando las características climáticas) bien calórica. Lo que más se ve recorriendo los pueblos son productos del mar (siempre frescos) y derivados del producto estrella: la papa.
Yo fui el verano pasado con unos amigos, y realmente quedé enamorada, y volvería todos los años si pudiera. Lamentablemente, el bolsillo universitario solo me permite escoger un destino por verano, y para no repetirme, tendré que aplazar el regreso a Chiloé un par de años.
A continuación, algunas fotos de lo que fue el viaje, para tentar (y guiar) al lector.

domingo, 1 de agosto de 2010

Chorrillanas en el J. Cruz

Para empezar, un clásico de Valparaíso. Paso obligado de turistas ávidos de fritanga para energizar un día frío (o caluroso.. cualquier excusa sirve). Ubicado en Condell 1466, en el fondo de un pasaje junto al Corona, es conocido mundialmente por uno de los inventos culinarios más felices: la chorrillana, torre de gruesas papas fritas, mezcla de huevos revueltos y cebolla (¡cocida!, sí, buen lector, no le repite ná la cuestión) y carne picada. 

Suculento manjar

Lo mejor del Jota Cruz, además de la chorrillana, es el ambiente. El local está tapizado de recuerdos que deja la gente, mensajitos, fotos carné, teamoyoselins y etcéteras, y en las vitrinas se exponen diversos objetos a modo de museo, desde perros de porcelana a relojes de bolsillo. Al entrar, siempre te reciben con una sonrisa, y la atención es demasiado amable (sí, amo al viejito). 





Generalmente hay algún guitarrista entonando canciones porteñas por unas monedas, lo que hace demasiado entretenido el almuerzo. Además no se demoran mucho en traer la comida (y para la espera, qué mejor que una buena marraqueta con ají). 






Todo esto por $5.800 la chorrillana para dos (si andan con mucha hambre, mejor pedir una para tres), y luca la chela o bebida. Por poca plata uno queda DEMASIADO satistecho, listo para continuar el paseo (y subir unas cuantas escaleras para bajar las miles de calorías). 
En fin, 100% recomendable, igual la experiencia cambia cada vez que se visita, por ejemplo esta última vez la carne estaba un poco dura (no incomible, pero es algo), y había un gato paseándose entre las mesas, lo que me habría dado lo mismo de no ser porque al parecer consideró que mi mochila era una buena cama, y no se quería mover (hasta que el amigable mozo lo echó, a mi no me dió el corazón). 


maldito felino

Ya sabe, pa la próxima que vaya al puerto, hágase un tiempo y pase con confianza, no saldrá decepcionado. También hay un local en Providencia al que nunca he ido, en Rancagua 483, habrá que verlo.