Para empezar, un clásico de Valparaíso. Paso obligado de turistas ávidos de fritanga para energizar un día frío (o caluroso.. cualquier excusa sirve). Ubicado en Condell 1466, en el fondo de un pasaje junto al Corona, es conocido mundialmente por uno de los inventos culinarios más felices: la chorrillana, torre de gruesas papas fritas, mezcla de huevos revueltos y cebolla (¡cocida!, sí, buen lector, no le repite ná la cuestión) y carne picada.
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Suculento manjar |
Lo mejor del Jota Cruz, además de la chorrillana, es el ambiente. El local está tapizado de recuerdos que deja la gente, mensajitos, fotos carné, teamoyoselins y etcéteras, y en las vitrinas se exponen diversos objetos a modo de museo, desde perros de porcelana a relojes de bolsillo. Al entrar, siempre te reciben con una sonrisa, y la atención es demasiado amable (sí, amo al viejito).
Generalmente hay algún guitarrista entonando canciones porteñas por unas monedas, lo que hace demasiado entretenido el almuerzo. Además no se demoran mucho en traer la comida (y para la espera, qué mejor que una buena marraqueta con ají).
Todo esto por $5.800 la chorrillana para dos (si andan con mucha hambre, mejor pedir una para tres), y luca la chela o bebida. Por poca plata uno queda DEMASIADO satistecho, listo para continuar el paseo (y subir unas cuantas escaleras para bajar las miles de calorías).
En fin, 100% recomendable, igual la experiencia cambia cada vez que se visita, por ejemplo esta última vez la carne estaba un poco dura (no incomible, pero es algo), y había un gato paseándose entre las mesas, lo que me habría dado lo mismo de no ser porque al parecer consideró que mi mochila era una buena cama, y no se quería mover (hasta que el amigable mozo lo echó, a mi no me dió el corazón).
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maldito felino |
Ya sabe, pa la próxima que vaya al puerto, hágase un tiempo y pase con confianza, no saldrá decepcionado. También hay un local en Providencia al que nunca he ido, en Rancagua 483, habrá que verlo.